Dominique no entendía nada. Veía borroso, y estaba asqueado del repulsivo olor que emanaba su cuerpo. Poco a poco, recobro la nitidez de su visión, y con la ayuda de la luz de luna deslumbro a la joven. Era de una belleza exquisita. Pertenecía a ese tipo de mujeres placidas que parecen hechas de miel oscura, tersas, dulces y melosas, que con un gesto apacible, un movimiento de cabellera, un solo y lento destello de su mirada dominan el espacio y permanecen tranquilas como el centro de un ciclón, al parecer ignorantes de la propia fuerza de atracción que emanan hacia los demás. Su larga cabellera negra caía sobre el escote de su camisa, mostrando ligeramente sus pechos, muy firmes, voluptuosos, y de una piel tan suave y tersa como el terciopelo. Su rostro tenía rasgos muy delicados y finos, sus oscuros ojos, daban una sensación de tristeza profunda, tan solo de verlos fijamente, podrías llorar. Su voz, era como el canto de mil sirenas, dulce y tranquilizadora. En ese momento, la reconoció… Era ella. La mujer que tanto amaba y que tanto había buscado.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...