Ella se cepillaba el cabello frente al espejo. Estaba nerviosa y eso era lo único que la calmaba cuando no podía fumar.
“20 minutos!”, escucha a alguien gritar no tan lejos… Suelta el cepillo, se mira al espejo, se sienta derecha y comienza a vocalizar. Hoy era la primera vez que actuaba enfrente de otras personas que no fueran de su clase, y mucho menos como protagonico. Pero ni todos los nervios del mundo pueden hacerla echarse a un lado. No a ella.
Mira para abajo. Sonrie. Un pendiente cae. Un grito.
Perfume derramado.
Gira rápidamente. Gente corre a su alrededor. Todo pasa lento. Cae.
Alguien maliciosamente sonrie. Lujuria impregnada en su mirada.
Ella reacciona. “5 minutos!”, alguien grita esta vez. Ella no comprende. Un joven barítono trae un té con miel. Ella sonrie con sus ojos verdes, y trata de no omitir palabra. No al menos hasta que termine la función. De un sorbo, bebe rápidamente la infusión. Segundos más tarde cae.
5 minutos depués ella no salió a escena, pero se dice que la joven novia de un barítono tomó su lugar. Una muchacha de gran talento, pero no podía igualarla. Simplemente no tenía ese algo.
No susurraba con las paredes del gran teatro, no acudía al grito de su locura. No.
Nunca se supo que paso con esos ojos verdes. Pero cuentan los vientos que ella nunca se fué de allí. Que se eleva con cada aullido de la orquesta, que no tiene remordimientos, ni redenciones.
Cantando su nombre.
0 internos .:
Publicar un comentario en la entrada