Espero .




Como dentro de un capullo, espero. Espero que pasen todos los males, espero que un dolor inevitable e interminable termine.
Espero que a mi alrededor ya no haya más hambre, más guerras, más pobreza, más mierdas.
Espero a que exista alguien que me quiera, alguien que me entienda, alguien que conmigo pueda.
Que pueda cerrar los ojos y verme, taparse los oídos y oírme, o simplemente que no pueda juzgarme.
Que no puedo juzgar una mala elección de vida, una mala opción, o simplemente el error por todos cometido.
El error del que nadie escapa, esa gota que recorre la frente. Esa lagrima por la mejilla que nunca falta.
Nunca falta un llanto, una palabra que duele tanto que rompe hasta el más frío de los corazones.
Un corazón que primero se endurece, y después ante el más mínimo golpe quiebra.
Para no volver a armarse nunca más.
Y así, viven todos los hombres, sin caras y sin nombres. Una masa de corazones rotos que no se dejan armar.
Un montón de sueños escondidos, mundo de reyes y mendigos. Pobres de alma y aires de superioridad. Que miran a los niños y a los dementes, comiéndose los mocos, como si fueran locos de atar, sin razones, sin sentidos, sin ideas. Pero con lo que ellos ya no tienen, inocencia.
Inocencia por todos querida, siempre se da por perdida, y es muy difícil poderla recuperar. Más aun cuando se va sin ser requerida, o es arrancada con pura maldad.
Yo espero en mi capullo, comiendo flores y otros yuyos, soñando despierta y con la mente abierta a todo aquel que quiera entrar. Yo espero a que algún día todo pase, y pueda romper la burbuja, salir volando como una bruja, y surcar el cielo con mis alas de mil colores, cantando con las flores y las almas de aquellos que ya no están.
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