Moonlight Sonata .

El calor es insoportable y pesado, la luna casi llena, esta rodeada por un halo amarillento. No se mueve ni una hoja; todo anuncia la tormenta. La montaña parece iluminada como una escenografía nocturna de teatro, sin embargo, los jardines todavía están impregnados de un perfume intenso a jazmines y magnolias.

Ella tocaba solitaria aquel viejo piano de cola, inexpresiva, inmersa en sus pensamientos. La ventana estaba abierta, y podía percivir ese perfume a primavera que a él tanto le gustaba, incluso ese viento con olor a lluvia que vaticinia el vendaval. De memoria, toca esa melacólica sonata que solía tocar por las noches, mientras su hombre se sentaba a leer junto al calor del hogar, o simplemente se sentaba en esa silla que ahora está vacía a su lado, cerraba sus ojos y viajaba hacia un rumbo desconocido sin salirse de su asiento. Ya no podrá hablar sin decirse ni una palabra, caminar por horas tomados de la mano bajo la lluvia, acostarse bajo aquel viejo cerezo en las tardes de verano, ya su sonrisa solo será un recuerdo de una epoca en la cual una vaga ilusión de felicidad la inundaba.

Pero no se puede culpar al amor, el amor es tan inocente como las rosas de mayo, simplemente no hay nada que pueda obligarlo a seguir un curso. Una lágrima se escabulle por sus mejillas, la primera y la última que derramaria en su nombre; pero en la ventana oye a la primer gota de lluvia.

Un escalofrío le recorre el cuerpo, sorteando memorias, fue breve como la llama de una vela en el viento, hasta por un instante creyó que el seguía allí; pero no. Estaba completamente sola. Y estaba lloviendo. Por dentro, y por fuera.

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