Ellos dicen darle el apoyo incondicional de una Familia,
Sin embargo Ella siente su cariño inexistente frío,
Tan frío como el universo sin soles.
El supuesto consejo, no es más que puñaladas,
Puñaladas al roto corazón,
El de Ella, una triste alma desesperada.

Desesperada e inerte,
Triste por sobre todas las cosas,
Llora sola, como solo ella sabe llorar.
La única forma que conoce de llorar,
O quizá, quizá no, porque Él…
Él, desinteresadamente le tendió el hombro
Y un alma, el calor de un alma real, que la acompañe
En ese viaje solitario, al desespero del
Callejón de los sueños rotos.

Y quizá, tan solo quizá Él algún día la entienda,
Como Ella cree que lo hacen Ellas, pero en realidad,
Ellas no la entienden, ni la quieren,
Ni la van a querer,
Pero Ella cree que son sus únicas amigas.

Ellas son todo lo que ella conoce,
Y por eso cuando la dulce agonía
Del suicidio vano la abraza,
Ellas hacen todo lo que se encuentra a su alcance,

Hasta ponerla en contra de Él, para desarmarla,
Llevarla al límite y ayudarla a morir un poco más.

Porque ellas no saben lo que es ser amadas,
Y no saben lo que es el Calor.
Y aunque Él muere intentando,
Ella muere un poco más en cada intento.
Mientras su seductora melancolía la motiva,
La conmueve y la llama.
Ese llamado Lascivo al que solo,
Y tan solo los Suicidas saben acudir,

Ese gemido del súcubo,
Aquel que la obliga a doblegarse
En un oscuro encanto,
Penetrando su alma con un
Fragmento de corazón muerto
y un poco de arco iris en blanco y negro.
Lástima que mientras esto ocurre,
Él está lejos y Ella está cerca.
Ellos no la ven, ni escuchan llorar,
Y Ellas nunca dejan de hablarle.
Porque Ellas conocen la culpa y la frustración,
Aquella que siente el que ama y no es amado,
Y el que muere sin que deje de latir su corazón.
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