{ Annie }


Una damisela atrapada en el cuerpo de una adolescente contemporánea tratando de sobrevivir a un caos hormonal, a una lluvia de patanes de genero masculino, hostigándola tanto física como psicológicamente.
Es una estrella fugaz en el cielo de la tragedia. Apenas aparece, desaparece; brilla para desvanecerse. Son sus formas tan vagas, que nos parecen impalpables; es su influencia tan rápida, que nos parece nula. Y, sin embargo, no hay expresión de su rostro, palabra de sus labios, ademán de sus manos, quejido de su corazón, lamento de su alma, que no quede grabado en nuestro espíritu, que no guarde con cuidado el corazón, que no se complazca en representar la fantasía. Ha caído la estrella fugitiva, y aún divisan los ojos su estela luminosa.
En vez de dudar, admirarán, cuando recuerden que la locura es una enfermedad del cerebelo, que es el núcleo del sistema neuroespinal; que las sensaciones producidas por la demencia en esos órganos se transmiten a los más simpáticos con ellos; que esa transmisión y esa simpatía puramente orgánicas no pueden ocultarse o dominarse cuando ha muerto el dominador de las sensaciones, la razón; y que si coincide en la demencia la sensación con el recuerdo, no es el recuerdo el que determina la sensación, no es ésta un recuerdo de la realidad.
Y así, restituida a la absoluta integridad de su belleza moral y corporal, Annie es más bella y más pura que fue antes, porque ya no es un sueño creado por la fantasía, sino una realidad viviente, un ser de carne y hueso, con funciones y órganos que para nada obstan a la sublime realidad de su pureza, a la sublime idealidad de su belleza.
Era un florero quebradizo: plantaron una encina en vez de plantar una violeta, y se quebró.
Era un corazón de cristal: en vez de someterlo a la dulce temperatura del amor, lo sometieron a la presión de las pasiones, y estalló.
Es un mundo lleno de llantos, dudas, locura, palabras, acusaciones, discriminación, melodías, sueños rotos, pastillas para ser feliz, y corazones desolados.  Es increíblemente ingeniosa e innegablemente encantadora. Mide un metro setenta y tres centímetros, tiene el cabello negro y los ojos color almendra. La cara angulosa, los ojos grandes y muy expresivos, los labios carnosos y de un color rosado, que contrasta tajante con su piel blanca y los ojos oscuros. Es pura y lozana, como una rosa salvaje, que crece junto a un arroyo en las suaves tardes del otoño. Dicho de una forma más simple, es condenadamente preciosa, inteligente y jodidamente atormentada. ¿No les parece irresistible?
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